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16 mayo 2010

Conservando la Cordura


A lo mejor es un signo de envejecimiento, pero cada día encuentro más y más motivos para enloquecer:

  • Veo en youtube por sugerencia de mi hermano el vídeo del "niño predicador", que me deja sin palabras y boquiabierta.  
  • Veo escenas de telenovelas en que las mujeres dicen frases del estilo "hazme tuya Carlos Alberto".  
  • Por lo tanto no sorprende que a la luz de las telenovelas hayan crecido mujeres tan intelectuales como las reinas de belleza, o esta belleza americana, que cree que Europa es un país en el que se habla francés.
  • Empieza un programa de videoclips y no hay más que música monótona y chillona.  Hablo en concreto de una tal Lady Gaga y unos Black Eyed Peas que han ido de mal en peor, con vídeos que, paradójicamente, son vistos por las mismas personas que se burlan de "En tus tierras bailaré", de Delfín - hasta el fin- y compañía, sin darse cuenta que en todo caso, éste último al menos es original.
  • Manejar un automóvil es coquetearle a la muerte.  No hay semáforo, redondel o calle principal que se respete. Creo que es lo único que verdaderamente le asusta del Ecuador a mi marido.
  • En las noticias, la crónica roja es protagonista mientras los pastores y curas abusan de los niños.

Difícil sin duda enfrentarse diariamente a tantos absurdos; todos los seres humanos necesitamos un remanso de paz.  Y si ese remanso de paz no es el hogar, algo debe mejorar en nuestras vidas, caso contrario no será posible permanecer cuerdos.

Para mí, la conversación con mi marido es una verdadera terapia cerebral.  Respiro aliviada cuando los absurdos que yo encuentro son los mismos que él encuentra, y terminamos riéndonos ambos, por ejemplo, de uno de los tantos experimentos que procuraban determinar si la oración tenía alguna influencia en la curación de los enfermos, en el que finalmente, por coincidencia o no, resultó que murieron más pacientes del grupo por el cual se rezó, que del otro.  Tener a mi lado a alguien que comparta la sencilla opinión de que es poco probable que haya un unicornio rosado invisible corriendo por el patio, una tetera flotando en el espacio sideral o un enojado dios en el cielo, esperándonos para decir, después de nuestra muerte: ¡váyanse al infierno

1 lunáticos comentan:

  1. Y que dices!? A veces es bueno perder la cabeza, de vez en cuando, solo para vivir un poco en esa misma ola y dejar de gastar la energía en tratar de vivir en el mundo sano.

    Hagamos locuras, para mantenernos sanos!

    ResponderSuprimir

lunático, ca.

(Del lat. lunatĭcus).

1. adj. Que padece locura, no continua, sino por intervalos.