
Uno se junta con los demás para el auxilio mutuo, porque solos no nos bastamos a nosotros mismos. Los amigos, las parejas; son al fin y al cabo intentos de llegar a un equilibrio de colaboración y entendimiento. Un examen de conciencia cada cierto tiempo ayuda a ver mejor el cuadro completo: no tengo nada de qué arrepentirme. Fui quien soy, sin máscaras y sin disfraces. Tal vez en algún punto exageré, fui demasiado intensa, pero mi corazón actúa sin limitaciones cuando alguien lo conmueve.
A veces mi personalidad me parece maravillosa y otras veces no puedo con ella. A la larga, como dice mi amigo Andrés, el gran problema del pensamiento occidental es ser fragmentario: dividimos todo análisis, todo estudio en partes aisladas sin darnos cuenta de que la realidad es un caos sistemático que debe analizarse desde cuantos puntos de vista sea posible, simultáneamente.
A veces la lógica aristotélica no basta para entender la relación causa-efecto. Y entonces se acude a una lógica alternativa, a la lógica de "ponerse en el lugar del otro", y se comprende que la intensidad de las propias emociones puede asustar, que el cariño expresado de manera incansable puede asfixiar... que la necesidad de afecto puede ser vista como debilidad del carácter.
Mario tuvo razón cuando dijo:
el resto del dificil corazón
es más propenso
a la tentación de la lujuria
a la fascinación de los que ganan
a las promesas de los píos
sólo con ese gajo de corazón
que no traiciona
que lava sus hechizos
en la sangre fiable que sin pausa bombea
se puede sobrevivir en el vacío
mientras se aprende a respirar
Sigo aprendiendo a respirar, con ataques ocasionales de apnea, con la nariz congestionada otras veces... pero cada vez con pulmones más fuertes.
Imagen: John Henry de Darkest Hour, fotógrafo Jen Cray.




