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26 abril 2009

Light at the edge of the world




Hablemos, nuevamente, de empatía. A veces pienso en los procesos comunicativos como caminos atravesados por zanjas en las que uno va cayendo irremediablemente, por más esfuerzos que haga para evitar accidentes.

Mi profesión me obliga a tener rapidez de respuesta ante los argumentos que otros opongan a los míos, agilidad mental que tiene que completarse con la capacidad de expresar elocuentemente lo que pienso.  Por otra parte, al ser docente, por deber y vocación, cada día procuro entender cómo despejar los senderos que pueden conectar la teoría con la práctica, el discurso con el aprendizaje.  Pero todo esto, trasladado a las relaciones personales, se vuelve árida retórica.  No importa cuántos esfuerzos se hagan para tender un puente sobre aguas turbulentas: la naturaleza destructiva de las aguas siempre terminará por imponerse. Esto último me hace sentir pesimista, triste ante la perspectiva de un mundo por siempre condenado a las guerras y a los abusos de unos sobre otros: de los que están cómodos y no tienen capacidad de ponerse en el lugar de los más débiles, sobre los que no tienen libertad ni posibilidad de defensa.

La contemplación de estas reflexiones en situaciones concretas, y la intuición casi irracional de que algo diferente es posible, me han llevado a elegir los caminos que he escogido.  Caminos de rebeldía e incluso de marginalidad, de los que muchas veces resultan desengaños dolorosos, pero otras veces, relámpagos de satisfacción, ráfagas de luz que dejan entrever cuán sublime puede ser una persona.

En estos días he protagonizado más de un proceso de incomunicación. Situaciones de incompetencia emocional, de incapacidad de entender la otredad, y sobre todo, de sentirse alcanzado por el otro en una caminata desesperada y dificultosa.

En medio del sentimiento de impotencia, de una soledad globalizada, de compañías no queridas y palabras no solicitadas, aparece, sin motivo aparente, un espacio de inclusión, una excepción que confirma la regla.  Magia inexplicable que por momentos me hace sentir culpable de sonreír en un mundo en el que la risa es un privilegio de pocos.  Pero todo esto desborda el plano cotidiano de mis reflexiones laborales, sociales, e incluso ideológicas. Algo misterioso, que no puedo ni intento explicar, invade a lo que no acierto a llamar corazón.

Conocer es volver a nacer.

Imagen: John Henry de Darkest Hour, por marms_rtt

15 abril 2009

Unintended




Escribir desde las vísceras y desde la emoción desgarrada que aborrezco. Escribir como antes, como cuando era otra, la que moría, la que se empecinaba en resucitar. Odiar quien fui y añorar lo que era; amar la paz del presente y repudiar la comodidad de estos días; burlarme de la ingenuidad de antaño y desear con rabia la inocencia de entonces.

Siempre dialéctica, siempre encontrada con un espejo que refleja a una extraña. Siempre material, carnal, lasciva; etérea, espiritual y soñadora. Tan atea, tan segura de que habrá justicia; tan voyeur, tan exhibicionista.

Femeninamente caprichosa, masculinamente necia, híbridamente hedonista. Inútil y meticulosa, holgazana e impaciente.

Con ansiedad sigo buscando adjetivos, palabras que me ayuden a armar el collage de mi propia imagen. Todos somos egocéntricos y ensimismados, recorremos los caminos de nuestras propias heredades, en busca de los mapas de nosotros mismos. Y para calmar un poco la verguenza, nos buscamos trabajos altruistas, teorías no antropocéntricas, caos y sistemas, amores incompletos que nunca se realizan.


Imagen: Mattew Bellamy de Muse, por benloveridge

08 abril 2009

In a win win situation



Cuán descuidados están todos mis blogs... incluso éste, que teóricamente no demanda mayor investigación ni trabajo, porque todo se escribe espontáneamente y casi sin revisar.  Pero aún así, a veces la paranoia me frena cuando siento la urgencia de relatar lo que me ocurre, y paso las historias por un filtro metafórico de ironías y sátiras, casi una codificación linguística, para luego atreverme a publicar.


¿Tengo miedo de encontrarme conmigo en el futuro?


No sé si fue el Teatro o las pastillas las que pusieron en orden mis caóticas perspectivas; tal vez es un poco de ambos. Últimamente me ha resultado más fácil que nunca entender que soy infinitamente afortunada, que nada me falta, que hago lo que me gusta hacer y me pagan por ello... que frente a tantos dones poco o nada pesan las carencias, esas carencias caprichosas y socialmente determinadas que he llegado a legitimar como propias, cuando no son más que demandas del medio; demandas que no inciden en el progreso o integridad como ser humano.


Este mes se cumplió un año más de la muerte de Cobain; yo no lo idolatro, creo que fue un chico humilde que se hizo rico, pero tenía vocación de pobre, y gracias al dinero terminó matándose. Qué triste la soledad de las estrellas, la soledad de los admirados, de los que descubren un buen día que eso que dice la canción "Mr. Jones": when everybody loves you, you can never be lonely... pues es tan mentira como eso de que "todo pasa por algo".  Y cuando recuerdo a Cobain necesariamente pienso en una palabra clave de su nota suicida: "empatía", según la RAE: 1. f. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.
Algo que él no encontraba, que yo quiero encontrar; que cuando no se encuentra produce angustia, ansiedad, ganas de llorar.
Ayer conversaba con Mr. M y hasta ahora no había tenido tiempo de ponerme a pensar que pese a todos mis triunfos emocionales, mis superaciones, mis victorias sobre el enemigo conocido como depresión, no he dejado de ser tan sensible como cuando tenía 15 años y el primer desengaño amoroso me hizo creer que se había acabado el mundo. Me afectan las palabras de los demás, me afectan las distancias "mentales y afectivas", la sensación de impotencia ante las restricciones de la comunicación verbal humana... y definitivamente lo que extraño no es la presencia física de quienes en algún momento convivieron conmigo; lo que extraño es la maravillosa oportunidad que me brindaron de sentirme por una vez comprendida, compenetrada, empática.
 Hablar es lo único que vale la pena.

Imagen: Emery, por NeilNorman Light Tamer