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16 febrero 2009

Test de Personalidad


Entre los widgets del blog de Marco, vi uno que me llamó la atención, en el que se describía su personalidad. Seguí el enlace y fui a dar con uno de esos sitios que ofrecen gratuitamente tests de personalidad. Suelen entretenerme estas cosas, de manera que lo tomé y, aunque he hecho muchísimos tests en mi vida, destaco este en particular porque parece describirme mucho mejor de lo que ningún test anterior ha podido:

El idealista soñador:

El idealista soñador es muy prudente y por tanto a menudo parece tímido y reservado para los demás. Comparte su rica vida emocional y sus apasionadas convicciones con tan sólo unas pocas personas. Pero uno puede confundirse profundamente si lo juzga como reservado y frío. Tiene una marcada escala interior de valores y unos principios claros y honrados por los que está dispuesto a sacrificarse. Siempre pone mucho esmero en tratar de mejorar el mundo. Puede ser muy considerado con los demás y hace mucho por ayudarlos y defenderlos. Es una persona preocupada, atenta y generosa con el prójimo. Si su entusiasmo por algo o alguien se ve amenazado, puede convertirse en un luchador incansable.

Para el idealista soñador, las cosas prácticas no son demasiado importantes. Tan solo se entretiene con las mundanas necesidades diarias cuando es absolutamente necesario. Tiende a vivir bajo el lema "el genio controla el caos", lo que suele ser lo normal, por eso a menudo tiene una carrera académica muy exitosa. No está interesado en los detalles, prefiere mirar las cosas en su conjunto. Eso significa que aun cuando las cosas empiezan a agitarse, el tiene una buena visión. Sin embargo, como consecuencia, puede suceder que a veces pase por alto algo importante. Como es muy pacífico, tiende a no mostrar abiertamente su insatisfacción o disgusto sino a reprimirlo. La firmeza no es uno de sus puntos fuertes; odia el conflicto y la competitividad. Prefiere motivar a los demás con su naturaleza amistosa y entusiasta. Quien lo tenga de superior nunca tendrá que quejarse de no recibir suficientes elogios.

Como en el trabajo, el idealista soñador es servicial y leal como amigo y como pareja, una persona honrada. Las obligaciones son absolutamente sagradas para él. Los sentimientos de los demás son importantes para él y le encanta hacer feliz a otra gente. Se siente satisfecho con un pequeño círculo de amigos; sus necesidades de contacto social no son muy marcadas y además necesita bastante tiempo para sí mismo. Las pequeñas conversaciones superfluas no son para él. Si alguien desea ser su amigo o tener una relación con él, debe estar dispuesto a compartir su visión del mundo y estar deseoso de participar en profundas discusiones. Si se consigue, será recompensado con una relación excepcionalmente intensa y enriquecedora. Debido a sus grandes exigencias consigo mismo y con los demás, este tipo de personalidad tiende a veces a sobrecargar la relación con románticas y utópicas ideas hasta un punto en el que su pareja se siente sobrepasado o inferior. El idealista soñador no se enamora hasta las trancas pero si se enamora lo hace con la intención de que sea eternamente.

En la imagen: Between the buried and me, de la colección de Last.fm


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Now playing: Still Remains - White Walls
via FoxyTunes

08 febrero 2009

Convalescencia


Es como si el cuerpo se olvidara de que el movimiento es su razón de ser. Todo es silencio, apenas monosílabos para decir que se quiere comer o no, y mucho tiempo para pensar, para estar literal y figuradamente solo. Tiempo quieto, tiempo congelado, tiempo que uno quisiera creer que no pasa pero que envejece porque desgasta. Estos días de enfermedad han sido básicamente un largo arrullo, un extendido adormecimiento sin horas ni minutos, con ecos confusos saturando el ambiente y pensamientos patéticos pinchando el cerebro de cuando en cuando, para recordarme que la enfermedad no es la muerte, y que detrás del escenario se siguen amontonando las responsabilidades que uno tiene con la vida.

Ha sucedido mucho en mi cabeza aunque poco se haya alterado el mundo externo: creo que tengo que volver a las tablas de alguna manera, aunque fuera solo para entrenar; desvincularme de algo que me sostuvo durante tanto tiempo, tuvo consecuencias que aún estoy pagando. Supongo también, aunque me resisto, que es necesario dejar atrás por completo a Príncipes, Burócratas y Héroes. Mi cerebro obsesivo sigue buscando entre los cadáveres para encontrar las balas que causaron los decesos, sin reparar en la nula utilidad práctica que tiene en este punto recoger semejantes objetos. Seguir en la a veces fútil búsqueda del Ángel, o simplemente no buscar y tratar de llenar otros vacíos.

Estoy volviendo a leer "La Peste" de Camus. El horror, la desesperación, la impotencia, la sangre... cuánto entiendo en estos días cómo enfrentarse a la enfermedad es enfrentarse al monstruo impredecible, a veces estar tentado a entregarse a él y a veces recuperando el aliento para buscar con la mirada nublada esa piedra que pueda ser el proyectil con el que David venza a Goliat.


En la imagen, Tommy Rogers, de Between the Buried and me. Imagen de Last.fm

01 febrero 2009

Fabulación de perplejidades



Hay días buenos, días de paz y días vulgarmente malos.  Malos, porque derrepente hasta las cosas más sólidas y seguras pierden su horizonte, porque el camino dejado atrás se ve menos intrincado que el futuro, y porque, pese a estar rodeada de amigos, familia y la tibia sabiduría de los libros, una puede sentirse abandonada y anónima, como el polvo viejo.  Y así, mientras se anda, se encuentra cada gente, cada rostro, cada situación... se me ocurre que sería interesante esbozar una caricatura a mano alzada de los pasajeros individuos que en los últimos días han alterado el acompasado ritmo habitual de mis pensamientos:

Está El Príncipe, con su carroza de unicornios y la infaltable capa (ahora pienso en Los Increíbles de Disney y cómo muchos superéroes murieron al enredarse o tropezar con ella), un discurso elegante, de palabras barrocas, pronunciado con afectación y modosidad, utilizando una voz nasal y aguda que definitivamente no serviría para cantar death metal. Educado, ilustrado y artístico, El Príncipe está convencido de ser el elegido por la gracia de dios y consecuentemente, el centro del Universo. Si el capricho se lo permite, sonreirá piadosamente a sus súbditos, como felicitándolos por tener la suerte de servirle.  Si amaneció lluvioso y el clima le impide salir de cacería, mirará al horizonte disgustado con el cosmos y hará patente su ira en forma de azotes sobre espaldas de inocentes.  El Príncipe es el dueño del tiempo y el espacio de todos los demás, lo que existe debe estar a su servicio; nadie sino él puede tener sentimientos.

También está El Héroe, valiente y aguerrido, capaz de derribar de un solo golpe a cualquier Príncipe, dispuesto a sacrificarse para salvar a los desprotegidos seres que lo invocan.  El Héroe (que no usa capa) es muy ducho en técnicas de combate y domina el arte de la defensa personal; pero poco o nada entiende de amores.  Con sus enormes dedos destroza la delicada flor que una niña, a la que acaba de salvar, le ofrece.  En la soledad de su guarida, contempla, apenas entendiendo, a las parejas humanas que caminan de la mano entre adoquines y bancas de parque.  Cuando alguien le ofrece un tierno beso, el contesta que prefiere el frío cortante del ciclón sobre su rostro y se aleja sin mirar las lágrimas dolientes de quien creyó haber hallado a su héroe.

Otro personaje es El Burócrata. Pulcro, perfumado y puntual, va de reunión en reunión, de congreso en congreso, de mitin en mitin, predicando ideologías y asegurando empleos.  Su voz melodiosa encanta a las audiencias y su expresión de bondad tranquiliza al más escéptico. Siempre tiene a flor de labios la palabra justa, sabe levantar el ánimo y alimentar el ego.  De vez en cuando se apasiona y defiende con vehemencia sus creencias y forma de vida.  Sabe escuchar con paciencia y dar abrazos en el momento preciso.  Cuando roba besos y caricias, se mueve con la gracia de un artista, pero no pasa dos noches en el mismo hogar.

Finalmente, El Ángel: más bien tímido, de pocas palabras, pero muy observador.  Se emociona como los niños cuando ve colores brillantes y disfruta la música como si encendiera fuego dentro de sus venas.  También puede sostener prolongadas  conversaciones sobre los temas más imprescindibles y se interesa particularmente en los avances científicos, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y el cine futurista.  Por las noches, antes de dormir, lee un par de poemas o un cuento corto, y deja después sus anteojos sobre la mesa de noche, seguro de que, aunque la vida a veces se vea borrosa, siempre hay un día siguiente para descubrir la belleza diminuta de los detalles pequeños. El Ángel, el raro, el solitario, el que se asombra. El que sueña, el que se entrega, el que no existe.


Imagen: Oliver Wilke