Una de mis preocupaciones recurrentes en este tiempo es mi carrera. Si bien trabajo en lo que me gusta, no gano lo suficiente como para independizarme: tener una espacio propio, y sobre todo un horizonte propio, ha dejado de ser sólo deseo para convertirse en necesidad imperiosa.En el trabajo, aunque feliz, me encuentro estancada. Las posibilidades reales de un ascenso y el consiguiente aumento de sueldo no son reales. Quienes tienen que jubilarse para el efecto no lo harán en varios años más. No quiero dejar la docencia pero no sé cuánto tiempo más pueda seguir postergando mi independencia en aras de un trabajo que, definitivamente, amo con pasión. Combinar este trabajo con otro sería lo ideal, pero pocos buscan profesionales a medio tiempo y no todo aquello en lo que podría trabajar es de mi agrado.
Pienso en Miguelito, el de Mafalda, y recuerdo que, según él, ser persona es muy difícil: mientras la tortuga sólo tiene que ser tortuga y el perro sólo tiene que ser perro, nosotros tenemos que ser ingenieros, abogados, políticos, poetas, mayordomos, en fin... para "sobrevivir". Sí, hay momentos en que aspiro a una vida sencilla, me imagino a mí misma tras el mostrador de una tienda de barrio con la televisión transmitiendo el Chapulín Colorado, sin mayores inquietudes "intelectuales", sin muchos dilemas profesionales, sin compararme nunca con la niña o el niño de al lado. Una vida de las cosas cotidianas, del presente, de los ojos brillantes de cada persona que se acerca, cuando anochece, a comprar el pan.
En la foto: Nathan Gray de Boysetsfire. Imagen de: facetheshow.com




