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05 junio 2009

Times are changing



He tenido tantas vidas, tantos proyectos descabellados y otros tantos un poco más sensatos. Soy una mujer "enreverada", no por mis diez tías -sólo son ocho- sino por los mimos de mi padre, la sobreprotección continua, las relaciones disfuncionales, las decepciones adolescentes... y bueno, no seamos tan trágicos, también por los amigos encontrados, los romances vividos, las metas alcanzadas.

Fito se me fue y sueño con él todas las noches. A veces, en la penumbra, me parece verlo acostado en su sillón favorito. Podría jurar que me entendía mejor que cualquiera, éramos el uno para el otro y no me cansaba de cantarle "en nuestro gran amor no hay pena ni rencor que pueda separarnos, y la felicidad es fácil alcanzar queriéndonos así". Lo extraño, cada día más, cada día con más consciencia. Tras él se fueron otras cosas, sopló una ventisca fuerte, como si hubiera llegado el momento de cerrar la puerta tras el huracán y comenzar de nuevo.

El amor y la felicidad ¿en cuanto llegan se van? No, el asunto aquí es que no tienen que "llegar", tienen que estar, ser parte del imaginario colectivo, y están, pero somos muy ciegos o bien vemos sólo a través de los cristales que nos vende un sistema conspirador y esclavizante. Leyendo una entrada en el blog de Eduardo me sentí, una vez más, burguesamente egoísta. Me quejo de mis caídas y no me doy cuenta de que resbalo en suelo de mármol. Basta ya, hay que salir al sol, sobre el lastre uno pisa más seguro y encuentra más gente para darle la mano y cruzar juntos los lodazales. Con los pies descalzos se está más en la tierra.

3 lunáticos comentan:

  1. los cambios de piel son dolorosos, pero necesarios... dale que lo que no te mata te fortalece!

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  2. Todo está en vuestras manos!

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lunático, ca.

(Del lat. lunatĭcus).

1. adj. Que padece locura, no continua, sino por intervalos.