Hay días buenos, días de paz y días vulgarmente malos. Malos, porque derrepente hasta las cosas más sólidas y seguras pierden su horizonte, porque el camino dejado atrás se ve menos intrincado que el futuro, y porque, pese a estar rodeada de amigos, familia y la tibia sabiduría de los libros, una puede sentirse abandonada y anónima, como el polvo viejo. Y así, mientras se anda, se encuentra cada gente, cada rostro, cada situación... se me ocurre que sería interesante esbozar una caricatura a mano alzada de los pasajeros individuos que en los últimos días han alterado el acompasado ritmo habitual de mis pensamientos:
Está El Príncipe, con su carroza de unicornios y la infaltable capa (ahora pienso en Los Increíbles de Disney y cómo muchos superéroes murieron al enredarse o tropezar con ella), un discurso elegante, de palabras barrocas, pronunciado con afectación y modosidad, utilizando una voz nasal y aguda que definitivamente no serviría para cantar death metal. Educado, ilustrado y artístico, El Príncipe está convencido de ser el elegido por la gracia de dios y consecuentemente, el centro del Universo. Si el capricho se lo permite, sonreirá piadosamente a sus súbditos, como felicitándolos por tener la suerte de servirle. Si amaneció lluvioso y el clima le impide salir de cacería, mirará al horizonte disgustado con el cosmos y hará patente su ira en forma de azotes sobre espaldas de inocentes. El Príncipe es el dueño del tiempo y el espacio de todos los demás, lo que existe debe estar a su servicio; nadie sino él puede tener sentimientos.
También está El Héroe, valiente y aguerrido, capaz de derribar de un solo golpe a cualquier Príncipe, dispuesto a sacrificarse para salvar a los desprotegidos seres que lo invocan. El Héroe (que no usa capa) es muy ducho en técnicas de combate y domina el arte de la defensa personal; pero poco o nada entiende de amores. Con sus enormes dedos destroza la delicada flor que una niña, a la que acaba de salvar, le ofrece. En la soledad de su guarida, contempla, apenas entendiendo, a las parejas humanas que caminan de la mano entre adoquines y bancas de parque. Cuando alguien le ofrece un tierno beso, el contesta que prefiere el frío cortante del ciclón sobre su rostro y se aleja sin mirar las lágrimas dolientes de quien creyó haber hallado a su héroe.
Otro personaje es El Burócrata. Pulcro, perfumado y puntual, va de reunión en reunión, de congreso en congreso, de mitin en mitin, predicando ideologías y asegurando empleos. Su voz melodiosa encanta a las audiencias y su expresión de bondad tranquiliza al más escéptico. Siempre tiene a flor de labios la palabra justa, sabe levantar el ánimo y alimentar el ego. De vez en cuando se apasiona y defiende con vehemencia sus creencias y forma de vida. Sabe escuchar con paciencia y dar abrazos en el momento preciso. Cuando roba besos y caricias, se mueve con la gracia de un artista, pero no pasa dos noches en el mismo hogar.
Finalmente, El Ángel: más bien tímido, de pocas palabras, pero muy observador. Se emociona como los niños cuando ve colores brillantes y disfruta la música como si encendiera fuego dentro de sus venas. También puede sostener prolongadas conversaciones sobre los temas más imprescindibles y se interesa particularmente en los avances científicos, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y el cine futurista. Por las noches, antes de dormir, lee un par de poemas o un cuento corto, y deja después sus anteojos sobre la mesa de noche, seguro de que, aunque la vida a veces se vea borrosa, siempre hay un día siguiente para descubrir la belleza diminuta de los detalles pequeños. El Ángel, el raro, el solitario, el que se asombra. El que sueña, el que se entrega, el que no existe.

Me pregunto si todas las mujeres de alguna manera reflejan en personalidades determinadas las características de los individuos que pasen por sus vidas; me pregunto, y difícil no hacerse esa pregunta para cuando uno lee tus líneas, y dónde encajo Yo?? mmm, je; espero no haber sido tan malo y haberme adjudicado con mérito propio alguna personalidad para el olvido.
ResponderSuprimirBesos.