Estoy en tal estado de caos tributario, que hoy tuve que revolver mi cuarto en busca de unas facturas perdidas. Inevitablemente iba a encontrarme con fotos, papeles, tarjetas y otras chucherías del recuerdo. Entre ellas, mi diario. Uno de papel, escrito a mano -cuando todavía sabía escribir-, de un tiempo anterior a la era de los blogs. Recorrí una vez más una época impactante de mi vida, en que hubo cambios y movimiento. Una época feliz pero agitada en que, a modo de premonición, había escrito "sólo tengo miedo de mí misma y de mi irremediable costumbre de atentar contra mi buena suerte".
Junto al diario, una figura de colección de Paul McCartney en versión Yellow Submarine. Fue un regalo navideño. Allí mismo, cuatro títeres que representan a Gandhi, Mandela, el Che y Trotsky. Fueron un regalo de cumpleaños.
Perdí a la persona que me dio esos regalos, que me conocía tan bien como para escogerlos, que amaba en mí lo que la mayoría considera defecto. Atenté contra mi buena suerte hasta convertirla en fatalidad. Desde entonces no he vuelto a encontrar amuletos.
Existen dos opciones: creer que el error es irreparable y que jamás recuperaré lo que se perdió, y creer que ahora, con más sabiduría, seré capaz de encontrar finalmente la paz. Me di cuenta de que no sirve de nada escoger como correcta una u otra solución, ya que al no poder anticiparme al futuro, no puedo estar segura de nada. Lo importante al fin y al cabo es que, sea como sea, no tiene utilidad alguna lamentarse. Tanto si todo está perdido cuanto si no, la angustia no es una herramienta útil, la frustración no conduce a ningún lado, la apatía pone la vida en stand by.

Siempre me he jactado de no haber tenido motivos para arrepentirme, pero sí innumerables errores desde salvables hasta caóticos, pero siempre teniendo en cuenta de que cada una de mis acciones fueron pensadas y que por el poco o mucho conocimiento que en ese momento tenía, la opción que escogí fue la mejor; recojo tus palabras al decir que la angustia no es una herramienta útil y la frustración no conduce a nada. La vida son altibajos de recompensas y pérdidas, por eso es que es que somos como aventureros en el corto tiempo que nos depara la suerte.
ResponderSuprimirBesos
cada vez que me toca arreglar mi cuarto, es en verdad una especie de recorrido mental hacia el pasado, pues tengo el defecto de acumular nimiedades que me recuerdan tal o cual momento, y por lo general es preferible hacerlo con una sonrisa aunque sea efímera
ResponderSuprimirpor cierto, encontraste las facturas??? jaja,
y con respecto a mi "meme" pues, soy quiteño, y lo del concierto de Basca fue en la presentación que tuvieron por acá; lo del pupo, pues tenía que exteriorizarlo y qué mejor oportunidad que el "meme"!!, y finalmente lo de las escaleras eléctricas, creo que si le tengo temor a quedar atrapado en los dientes esos que tienen al final
saludos!!
Sí encontré las facturas, pero no todas, ahora me toca hacer no se qué trámites para resolver esos líos. Ay.
ResponderSuprimirBueno, no hay mal que dure cien años :D